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Diario de bordo y registro

Los diarios de a bordo tienen su origen en la navegación marítima. La práctica de registro centenario recopilaba millas recorridas, cambios meteorológicos y otros eventos importantes en el curso de un barco o buque. La idea de registrar las diversas etapas de un recorrido fue incorporada por la práctica pedagógica, que establece en la metodología homónima un registro para que educadores y estudiantes se autoevalúen o evalúen un proyecto.

En la metodología Aprendizaje Basada en Proyectos (o PBL, de la sigla del original Project-Based Learning), el registro acompaña todas las etapas de la creación de un prototipo o solución, pasando por la empatía, definición, ideación e, incluso, el desarrollo del propio prototipo, para luego construir un balance sólido del aprendizaje, que dé cuenta no solo de los detalles del recorrido, sino también del crecimiento del grupo de estudiantes durante este viaje. 

Es una herramienta de autoevaluación, conciencia y autogestión. Para educadores, revela las potencias y las posibilidades de mejora de un proyecto, destacando, dentro del recorrido, donde es posible afinar no solo el prototipo, sino la práctica pedagógica. Para el estudiante, este registro es una herramienta para evaluar su crecimiento y aprendizaje.

Además de un registro técnico, el diario de a bordo sirve como un espacio de elaboración de los sentimientos que acompañan a los estudiantes durante el recorrido, contextualizando afectos, conflictos, dudas y frustraciones. Para que este registro sensible sea posible, es fundamental que el ambiente de creación de un proyecto sea acogedor, con espacio para divergencias y reflexiones.

Hay varias maneras de desarrollar un diario de a bordo, y la orientación del educador es fundamental. Si la opción es un diario físico, los cuadernos, las libretas y carpetas son buenas herramientas donde los estudiantes puedan registrar observaciones, reflexiones y comentarios. Imágenes, fotos, esquemas, diagramas y otros recursos visuales ayudan a ilustrar el viaje. Para un diario de a bordo digital, se pueden utilizar herramientas  electrónicas que hoy en día facilitan el registro visual del proceso, con fotos y vídeos, por ejemplo. Una buena regla, tanto para el diario físico como para el digital, es evitar hacer grandes ediciones en el contenido, aunque parezca confuso. as notas deben reflejar el viaje honestamente. Si hay collage de contenidos bibliográficos o de internet, es importante citar las fuentes.

Entre las informaciones que no deben faltar están los encabezados con fechas de anotación, el lugar donde ocurrieron las actividades, quién hizo qué en las etapas del proyecto, referencias de imágenes, fotos, diagramas y videos. En el registro de los sentimientos podemos encontrar:  una descripción de cómo se sintieron los estudiantes en cada etapa, cuestionamientos y también frustraciones que surgieron en fases más desafiantes, como el montaje del prototipo o su prueba. Es importante recordar cada diario de a bordo es único , y la metodología creada debe atender las particularidades del grupo.

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