Transformar residuos de cigarrillos en ladrillos ecológicos para la construcción de habitaciones ¿te parece una idea de otro mundo? ¿Y si además estos materiales fueran como piezas de bloques de juguete, para facilitar la obra? Para un grupo de adolescentes y su profesor de secundaria de Argentina, la innovación no solo les pareció posible sino que se tornó realidad. Con conocimientos de STEM (Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) y mucho esfuerzo, lograron hacerlo en el proyecto “Bastet Haus”, finalista de Solve for Tomorrow en Argentina, Paraguay y Uruguay, en 2024.
Básicamente, la celulosa es extraída de las colillas de cigarro y mezclada con cemento para crear el ladrillo más liviano y económico. El objetivo es que sea un material resistente y simple para la construcción de viviendas para aquellos que necesitan. El proyecto es una continuación de “Collisafe“, el ganador de 2022 de Solve for Tomorrow en Argentina, Paraguay y Uruguay. En la época, el equipo reutilizó colillas de cigarro, recuperando y eliminando por completo todos los químicos y toxinas de la celulosa utilizada por el hongo Pleurotus ostreatus, popularmente conocido como hongo ostra.
Con las colillas selladas en un recipiente que contenía el hongo, en apenas 25 días en la oscuridad se degradaron las sustancias tóxicas. “El resultado de Solve for Tomorrow generó un impacto muy fuerte en la escuela y nuestra idea era agregar al proyecto un proceso más”, explica el profesor. “Collisafe” resultó en la fundación de una cooperativa en la comunidad para la colecta y reciclaje de las colillas.

En este nuevo equipo estuvieron involucrados cuatro estudiantes del quinto año de secundario, o sea, del penúltimo año de escolarización obligatoria. El profesor mediador, Agustin Pascua, tiene formación en Administración y es el jefe del Departamento de Economía y Gestión en la Escuela Nacional Adolfo Perez Esquivel. Pascua también fue el mediador de “Collisafe” y cuenta que con el producto final que tenían en manos, había muchas opciones para hacer. “Los estudiantes se pusieron a analizar. Yo les dije que debían pensar en qué necesidad hay en la comunidad para que se pueda llegar a dar una solución con este nuevo proyecto”, señala.
Mirando los datos locales, aprendieron que hay 4 millones de personas en situación de calle solamente en la Ciudad de Buenos Aires, donde la escuela está ubicada. Por eso, decidieron enfocarse en ladrillos ecológicos. Eligieron el nombre “Bastet Haus”, queriendo significar “El protector del hogar”: Bastet es la deusa del Antiguo Egipto de la protección y Haus significa “casa” en alemán.
Esa es la magia de Solve for Tomorrow: Independientemente de que ganes o no, tienes que comprometerte y esto cambia la dinámica tradicional de clases, declara Pascua.
Los ladrillos ecológicos también son encastrables
El formato encastrable de los ladrillos permite construir los bloques también por módulos. Así, si la persona quiere primeramente hacer una casa más pequeña, puede hacerlo y después expandir o modificar como quiera, de modo similar a las casas prefabricadas, pero mucho más sencillo de armar. “Estamos sacando un material que se desperdicia y transformando en una utilidad super interesante, lo que también se traduce en una reducción en la contaminación del planeta”, destaca.
Para llegar a un prototipo sostenible, ellos testearon también con diferentes porcentajes de composición y al final la mejor opción fue 60% de acetato (compuesto químico resultante de la acción del ácido acético sobre la celulosa de algodón) y 40% de otros materiales como cemento. “O sea, redujimos más de 50% la cantidad de cemento normalmente utilizado para armar un bloque. Hicimos alrededor de 10 a 15 iteraciones con distintas mezclas de material”, resume Pascua. La economía es notable: un ladrillo común llega a costar 700 pesos argentinos, los de “Bastet Haus” cuestan la mitad, 350 pesos argentinos. Aunque los testeos fueron coordinados por los científicos e ingenieros de la Facultad, esa etapa fue importante para que los jóvenes aprendieran sobre temas como resistencia de materiales y la formación de la celulosa.

Cuando ya tenían el prototipo hecho y testeado, tuvieron que superar otro desafío: presentar su idea al público en la final de Solve for Tomorrow. Para eso, hicieron prácticas para desprenderse y hacer un buen pitch. Entre las estrategias, estuvieron la Programación Neurolingüística (PNL), que usa de estímulos kinestésicos (o sea, a través de la experiencia física y el movimiento corporal) en la construcción del mensaje. También utilizaron técnicas de comunicación no verbal (CNV), adaptando gestos, posturas y entonación vocal. “Logramos ver escenas raras como tener estudiantes de 16, 17 años a las 8 de la mañana en un sábado juntos practicando para un examen oral”, añade.
Los estudiantes también dedicaron tiempo para pensar en la administración del negocio: “Por un lado, podemos atender a los municipios que quieren incluir las viviendas sociales dentro de sus beneficios otorgados a ciudadanos. Por el otro, están los clientes que quieran construir una casa de modo más sencillo, no solamente aquellos que están en situación de calle”, describe el maestro.
Para el futuro, el equipo planea continuar trabajando en el proyecto, llegando hasta la utilización de los ladrillos para formar de hecho paredes y casas.