¿Sabías que, en las Américas, el 16 % de los niños menores de cinco años y el 19 % de las mujeres embarazadas padecen anemia (datos de la Organización Panamericana de la Salud)? Esta afección, causada por diversos factores, como la mala alimentación, es aún más común en lugares como Perú, donde uno de cada dos niños tiene esta condición. Cuando se les diagnostica, los pacientes generalmente deben hacer cambios en su alimentación y tomar suplementos. Pero ¿y si este tratamiento pudiera tener mejor sabor y convertirse en algo placentero?
Esa es la idea por detrás de “Hemosfere”, el proyecto ganador de Solve for Tomorrow en Perú, en 2025. Cuatro estudiantes de 15 y 16 años, que cursaban los dos últimos años de la escolarización obligatoria (cuarto y quinto años de secundaria), desarrollaron una bebida funcional con sabor a maracuyá, que contiene calcio y hierro, entre otros nutrientes.
La profesora mediadora, Jhosselyne de la Cruz, es docente de Gestión Empresarial, una enseñanza profesional, una capacitación que dicta la escuela con la finalidad de que los estudiantes obtengan el diploma del Bachillerato Internacional. “Mira cómo se empezó el proyecto: los estudiantes en los Colegios de Alto Rendimiento [COAR] son admitidos mediante un examen. En las entrevistas, percibimos distintos casos de desnutrición y enfermedades como la anemia, algunos por la dificultad económica”, explica la docente.
Los estudiantes ya habían vivido esa problemática de algún modo, sea por un primo, un amigo o hermano, y decidieron crear una solución que las personas que conocen pudieran aprovechar, recalca la profesora de la Cruz.
Así, idealizaron una bebida para acompañar el almuerzo o la cena de las familias, a fin de reemplazar las galletas antianémicas a las que están acostumbrados. “Hemos ideado que fuera un producto con practicidad también, algo que los papás puedan enviar en las loncheras a sus hijos”, añade.
Los retos de crear un producto seguro y sabroso para los estudiantes
Según la docente, ese fue un aprendizaje importante para los estudiantes, pues aprendieron la importancia de crear un prototipo centrado en la experiencia del usuario. Los pacientes con anemia que conocían se quejaban del sabor, por lo que este debía ser un punto central del proyecto. “Testeamos varias veces y perfeccionamos el prototipo hasta que tuviera una buena respuesta del público potencial”, informa la profesora. Para lograr esta formulación, el proyecto también contó con el acompañamiento de docentes de biología y química, además del acceso al laboratorio del colegio. Los estudiantes también prestaron especial atención a la seguridad de los ingredientes y del proceso de encapsulamiento, buscando utilizar componentes naturales seguros para el consumo, a partir de la técnica de miniesferificación.
Ahora, uno de los mayores retos aún es obtener las autorizaciones y licencias requeridas para la fabricación del producto. “Fuimos a las distintas instituciones como la Dirección General de Salud Ambiental (DIGESA) para solicitar las informaciones y cumplimos con todos los requisitos que solicitaron. Los estudiantes necesitaron utilizar guantes, bata, toca, etc”, cuenta de la Cruz. La docente señala que el equipo ya cumplió con los requisitos exigidos por las autoridades, y que las autorizaciones aún no han sido emitidas únicamente porque falta realizar los pagos correspondientes para completar el proceso.
De conformidad con las normas estandarizadas de seguridad y salud, la etapa de testeo incluyó pruebas con 15 estudiantes de una escuela pública para observar los posibles efectos del producto. Con el apoyo de nutricionistas, los jóvenes también recibieron un plan de alimentación que acompañó el consumo del producto durante 15 días. “Vimos grandes resultados en los exámenes de este grupo”, afirma. La propuesta, explica la docente, es que la bebida funcione como un complemento de la alimentación y no como una solución por sí sola para la anemia.
Aprender a trabajar en equipo
Además de los desafíos científicos y técnicos, el proyecto exigió que los estudiantes desarrollaran habilidades de trabajo colaborativo. La docente cuenta que conciliar diferentes opiniones fue uno de los principales retos del grupo. “Cuando presentas un proyecto solo, lo haces como quieres, de la manera que consideras mejor. Pero presentar un trabajo entre cuatro o cinco personas es un poco complicado, porque cada uno piensa diferente”, explica.
La preparación para el pitch también requirió una gran dedicación. Durante el viaje a Lima, capital de Perú, para la final de Solve for Tomorrow, los estudiantes permanecieron concentrados en el proyecto. Por las noches, después de las actividades programadas, regresaban a la habitación para repasar la presentación, estudiar y continuar trabajando en el producto.
El esfuerzo tuvo como recompensa el primer lugar. La docente acompañó de cerca el proceso y asegura haber sido testigo de la dedicación de los estudiantes, desde los estudios y ensayos hasta la búsqueda de soluciones para las diferencias que surgieron durante el trabajo en equipo.
Los estudiantes estaban nerviosos por la presentación en público. Pero, antes de la final, tuvieron la oportunidad de participar en un concurso nacional que facilitó el proceso. “En Solve for Tomorrow fueron más calmados. Yo les dije: no teatralicen tanto, transmitan de forma segura y natural lo que ya saben”, aconsejó la maestra.
Cuando anunciaron el resultado, la sorpresa fue tan grande que los estudiantes ni siquiera se habían dirigido inicialmente a la ceremonia de premiación. “Ellos no lo podían creer”, recuerda. Después de la victoria, el objetivo del equipo es convertir la bebida en un producto disponible en el mercado peruano y, en el futuro, también en otros países.