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Cómo identificar problemas sociales que se pueden resolver con proyectos STEM

De la lluvia de ideas a problemas concretos, experta comenta claves para guiar proyectos relevantes y con impacto real en la comunidad

UUno de los primeros y más importantes pasos del Aprendizaje Basado en Proyectos es identificar problemas sociales para trabajar con el equipo. Aunque parezca evidente, en la práctica este proceso exige algo más profundo que elegir un tema. Los estudiantes pueden identificar y proponer diversas ideas, pero para que sean aplicables a un proyecto con enfoque STEM, es fundamental que la solución integre este enfoque de manera clara, como explica la educadora Liz Villalba, coordinadora de Ideación del programa Solve for Tomorrow en Argentina.

Según Villalba, es necesario observar el entorno, escuchar a la comunidad y desarrollar una mirada crítica sobre la realidad.De esa forma, el punto de partida requiere posicionar  a los estudiantes. “La presentación del problema debe poner  al estudiante como un agente activo, con acceso a información y vivencias únicas”, destaca. Así, al validar su lugar no solo como alumno, sino como un actor social con capacidad transformadora, hay un cambio de perspectiva: el problema deja de ser un motivo de queja para convertirse en un objeto de intervención y trabajo.

En segundo lugar, explica Villalba, el docente debe mediar la fase de identificación mediante ejemplos de cercanía y preguntas disparadoras. “El objetivo es fomentar una mirada crítica que ayude a los estudiantes a objetivar la situación, analizar sus causas y evaluar la viabilidad de una solución desde el enfoque STEM”, añade.

En el proyecto Smartbin, por ejemplo, estudiantes en Paraguay investigaban sobre el déficit energético en su país hasta que conectaron ese desafío con una situación cotidiana: la gran cantidad de residuos orgánicos generados en el almuerzo escolar. A partir de esa intersección, surgió la pregunta que guiaría el proyecto: ¿cómo aprovechar esos desechos para generar energía?

La idea combinaba dos problemas del cotidiano y tenía relevancia local, viabilidad técnica,  oportunidad de aplicación científica y elementos clave para avanzar. Al final, la solución resultó en un contenedor de residuos inteligente que convierte desechos orgánicos en biogás, una fuente de energía limpia y renovable. La iniciativa fue ganadora de Solve for Tomorrow 2024 en Paraguay.

Desde la lluvia de ideas hasta filtrar los problemas en proyectos STEM

Para identificar un problema, el camino en clase suele comenzar con dinámicas como la lluvia de ideas, recuerda Liz Villalba, quien también es filósofa con más de una década de experiencia en docencia, diseño pedagógico y acompañamiento de equipos educativos y sociales. “Las herramientas para filtrar y priorizar ideas deben estar orientadas a fomentar el juicio crítico y la toma de decisiones fundamentada”, explica. 

Sin embargo, el verdadero desafío aparece después de esas dinámicas: cómo transformar esas ideas en problemas concretos, investigables y con potencial de impacto. Villalba recomienda pasar las propuestas que surjan por los siguientes filtros:

1. Relevancia y Empatía (El “Por qué”)

  • Urgencia y Persistencia: ¿Es un problema que requiere solución inmediata o es un desafío histórico que nadie ha resuelto aún?
  • Afectación: ¿A cuántas personas impacta? ¿Afecta directamente a nuestra comunidad cercana o a grupos especialmente vulnerables?
  • Motivación: ¿Es este el problema que más nos moviliza o preocupa como equipo?

2. Impacto y Valor (El “Para qué”)

  • Trascendencia: aunque no sea urgente, ¿qué valor aportaría resolverlo a largo plazo?
  • Transformación: ¿La solución cambiaría significativamente la realidad de los usuarios o es solo un parche temporal?

3. Viabilidad y Factibilidad (El “Cómo”)

  • Alcance: ¿Es un problema que podemos resolver nosotros mismos con los recursos que tenemos (o podemos conseguir)?
  • Complejidad: ¿Es “fácil” de resolver en el tiempo que dura el ciclo lectivo o requiere una infraestructura que no poseemos?

4. Oportunidad STEM (El “Con qué”)

  • Tecnología y Ciencia: ¿Se puede abordar o solucionar mediante el uso de tecnología, matemática o ingeniería?
  • Investigación: ¿El problema nos permite investigar y aplicar conocimientos curriculares?

Cuando un problema real se convierte en una solución con impacto

En Chile, un grupo de estudiantes identificó la desinformación como un problema cercano. Las noticias falsas no solamente circulaban en redes sociales, sino que generaban conflictos dentro de la escuela y en las familias de los estudiantes. A partir de esa observación, alumnos desarrollaron el proyecto Fake Out, una aplicación orientada a detectar fake news, el cual fue ganador de Solve for Tomorrow en Chile (2024).

El camino hasta llegar a esa solución comenzó con una investigación profunda: entrevistas con periodistas y especialistas, análisis del impacto de la desinformación en la región y diálogos con la comunidad para entender por qué las personas comparten contenidos sin verificarlos. El problema, inicialmente amplio, fue delimitado a partir de evidencia y contexto, permitiendo pensar en una solución tecnológica viable.

Algo similar ocurrió en un proyecto sobre abejas polinizadoras en una comunidad agrícola de Venezuela. La idea inicial de trabajar con abejas era demasiado general. Fue la mediación docente la que ayudó a enfocar el problema. “Les dije que este era un tema muy amplio e intentamos incorporar un modo en el que el proyecto pudiera dejar algo al municipio”, explicó el profesor Anderson Pérez. A partir de ahí, los estudiantes identificaron un desafío concreto: el impacto de los agroquímicos en la biodiversidad y en la calidad de vida de los polinizadores, elemento clave para la producción agrícola. Los estudiantes crearon, entonces, un prototipo que permite medir las poblaciones de abejas y su relación con la calidad de los cultivos de mora de Castilla (rubus glaucus), fruta muy propia de la región donde viven.

El rol docente en el equilibrio entre guía, desafío y autonomía

Según Liz Villalba, este proceso debe ser guiado sin perder la participación activa de los estudiantes. “Es importante preguntarse si el problema realmente afecta a la comunidad, si moviliza al equipo y si puede resolverse con los recursos disponibles”, señala. También destaca la importancia de que exista una oportunidad clara de aplicar conocimientos STEM: “El problema tiene que permitir investigar, experimentar y usar tecnología o ciencia”.

En todos estos casos, el rol del docente fue determinante. No para imponer soluciones, sino para orientar el proceso, hacer preguntas y ayudar a delimitar el problema. Ese acompañamiento también implica sostener el equilibrio delicado de validar las ideas sin dejar de desafiarlas. “Se debe establecer un diálogo de alta expectativa. El problema debe ser lo suficientemente complejo para resultar atractivo de superar, pero lo suficientemente posible como para que el esfuerzo tenga sentido”, afirma.

Finalmente, la especialista subraya un aspecto central: el aprendizaje también pasa por institucionalizar el error como parte del proceso. “[Esto] devuelve al estudiante la confianza necesaria para renovar intentos y volver a mirar el asunto con una perspectiva renovada.”, concluye.

Cuando esta etapa está bien trabajada, los proyectos no solo ganan en calidad, sino también en sentido. Y los estudiantes, más que aprender contenidos, desarrollan una capacidad fundamental: observar su realidad, cuestionar y  actuar para transformarla.

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