Equilibrar la libertad creativa con la necesidad de organizar un proyecto es uno de los mayores desafíos para quienes trabajan con proyectos STEM (acrónimo en inglés para Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) en el aula. ¿Cómo dar espacio para que los estudiantes imaginen, exploren y propongan ideas sin que el proyecto pierda rumbo, tiempo o prioridades? Esa tensión entre creatividad y estructura suele aparecer desde las primeras etapas del trabajo.
Nicole Lasso, especialista en Ciencias de la Computación e Innovación Social, recalca que ese equilibrio es fundamental para que las ideas se tornen proyectos. Lasso sostiene que la creatividad no florece en ausencia de estructura, sino cuando existe un proceso claro que ayuda a transformar una idea en una solución con impacto.
La experta coordina la Red Nacional de Clubhouse Corners, de la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología de Panamá (SENACYT), promoviendo el uso de la tecnología con propósito. SENACYT es una de las aliadas de Solve for Tomorrow Centroamérica y el Caribe e impulsa espacios creativos e inclusivos que fortalecen el pensamiento crítico, la experimentación y el empoderamiento de niñas, niños y jóvenes.
A continuación, Lasso comparte cinco recomendaciones para que docentes acompañen proyectos STEM de forma más creativa y, al mismo tiempo, organizada:
1. Empieza por comprender el problema, no por buscar una solución
Lasso explica que uno de los errores más comunes en proyectos es llegar con la solución antes de entender bien qué se está resolviendo. “Los proyectos que más me han impresionado, empezaron con una observación honesta del entorno, con preguntas incómodas, con la disposición de sumar miradas distintas”, explica.
Cuando el tema además toca de cerca a las personas del equipo, cuando es algo que les afecta a ellos o a alguien cercano, el objetivo del proyecto gana más fuerza y significado. “La ideación sin comprensión del problema produce ideas que brillan un momento y luego no se sostienen en el tiempo”, señala.
2. Usa la estructura como aliada de la creatividad
Existe la idea de que planificar demasiado limita la imaginación. Nicole sostiene justamente lo contrario: tener claridad sobre tareas, tiempos y prioridades crea un entorno seguro para que la creatividad florezca. “Los jóvenes ya viven en un nivel considerable de caos: horarios, redes sociales, relaciones interpersonales, hormonas, presiones académicas. Un adulto que llega a ofrecerles más caos disfrazado de libertad no les está dando nada útil”, refleja.
En proyectos que duran varias semanas o meses, la motivación inicial suele disminuir. En ese momento, la disciplina y una buena organización ayudan a que el equipo mantenga el proyecto en marcha y siga avanzando, incluso cuando aparecen dificultades. “Y aquí hay algo que vale la pena nombrar: la motivación arranca el motor, pero la disciplina lo mantiene encendido”, afirma.
3. Enseña a usar las redes sociales con intención
Lasso cree que las redes sociales pueden convertirse en una herramienta poderosa para proyectos STEM. Sirven para encontrar inspiración, descubrir referentes, contactar especialistas y acceder rápidamente a información útil.
Pero las redes sociales también pueden convertirse en una fuente constante de distracción. La clave no es prohibirlas, sino enseñar a los estudiantes a preguntarse: ¿estoy aquí buscando algo específico o solo siguiendo lo que el algoritmo me muestra? Usarlas con un propósito claro ayuda a aprovechar mejor el tiempo del proyecto.
4. Busca personas que ya recorrieron ese camino
Ningún proyecto necesita empezar desde cero. Acercar a los estudiantes a personas con experiencia (docentes, investigadores, profesionales o miembros de la comunidad, por ejemplo) puede ahorrar tiempo, evitar errores y abrir nuevas posibilidades.
“Alguien con experiencia te dice qué evitar, qué priorizar, por dónde no perder energía. Escuchar retroalimentación, incluso cuando es incómoda, es una práctica que los jóvenes pueden llevar mucho más allá del proyecto”, explica.
5. Haz espacio para el descanso y la reflexión
En un proyecto STEM, no todo el aprendizaje ocurre mientras se produce algo. “Finalmente, y quizás lo más contraintuitivo: el descanso y el aburrimiento no son el opuesto de la productividad creativa, sino parte de ella”, recalca la especialista.
Leer menos fuentes, pero con mayor profundidad, reflexionar y permitir momentos de descanso puede ser mucho más valioso que consumir información de forma constante. “Enseñarle a un joven a parar no es enseñarle a perder el tiempo. Es enseñarle a pensar”, concluye.