Como en muchos países de Latinoamérica, en México la mayoría de la población siente inseguridad en las calles de sus ciudades. La Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU), en diciembre de 2024, mostró que 42.5 % de la población de 18 años y más, residente en las áreas urbanas de interés, modificaron sus hábitos respecto a llevar joyas, dinero o tarjetas de crédito, por temor a sufrir algún delito.
En el caso de los estudiantes, que pasan el día lejos de casa, necesitan llevar en las mochilas todos sus objetos de valor. Pensando en eso, un grupo de jóvenes diseñó una mochila inteligente con un sistema de bloqueo y alerta móvil, que busca salvaguardar las propiedades del usuario o alertar en caso de apertura de la mochila. La creación, llamada “PacPak”, fue ganadora de 2024 de Solve for Tomorrow México. El prototipo se complementa con una aplicación móvil y un sistema de GPS.
El equipo estaba compuesto de cuatro jóvenes de la educación media superior, quienes tenían alrededor de 16 años de edad. En la escuela donde estudiaban, el Centro de Estudios Científicos y Tecnológicos 18 “Zacatecas”, hay una visión de educación técnica, donde los alumnos son estimulados a desarrollar innovaciones estudiantiles utilizando tecnología.
El profesor mediador, Alan Femat, es docente de Lenguaje de Programación y de aplicaciones y ya había participado en otras cinco ediciones de Solve for Tomorrow – en algunas de ellas con proyectos finalistas. Él explica que estos resultados se relacionan con una estrategia de enseñanza de la institución, centrada en el Aprendizaje Basado en Proyectos. “Lo que pasa es que en la escuela hay un programa que se llama Proyecto Aula, donde a cada ciclo escolar los estudiantes tienen que desarrollar un proyecto para atender a alguna problemática real de la sociedad”, dice.
Para eso, Femat promueve la metodología de Design Thinking e invita a los estudiantes a reflexionar sobre las situaciones de sus propias vidas. “Uno de los chicos mencionó que a él le robaron una chamarra,que le gustaba mucho, cuando estaba en la educación secundaria. La situación les pareció una oportunidad para hacer una lluvia de ideas alrededor de la problemática de seguridad”, relata.
Uno de ellos propuso crear una mochila que asegure sus cosas y muchos compañeros menospreciaron un poco la idea y yo les dije que nunca duden de una idea, pues todas pueden ser guiadas hasta su potencial, declara el profesor Alan Femat.
La primera propuesta, entonces, fue una mochila que utilizaba imanes y un sensor de polaridad para detectar cuando alguno de sus compartimientos era abierto. Al separarse los imanes, el cambio de polaridad activaba una vibración en la espalda del usuario y un zumbador que emitía un sonido, alertándolo del movimiento.
Además de ese cambio, el prototipo fue integrado a una aplicación móvil para notificar vía Bluetooth cuando la mochila no esté junto a la persona. “Por ejemplo, si dejas la mochila lejos para ir a desayunar y alguien la abre, vas a recibir una notificación”, explica el profesor. Para eso, utilizaron MIT App Inventor, una plataforma gratuita para crear aplicaciones que pueden integrarse en móviles Android o iOS.
Al circuito, se agregó también un módulo GPS para monitorear la localización del prototipo en casos de necesidad. Para el docente, la combinación de tecnologías es el principal diferenciador de este proyecto, ya que en búsquedas iniciales se logró encontrar mochilas con GPS o con candados, pero ninguna con todos los recursos que “PacPak” presenta en un solo modelo.
Revisa en el vídeo cómo funciona la mochila:
Habilidades desarrolladas a través de la innovación estudiantil
Según el profesor Femat, los estudiantes ya tenían los conocimientos técnicos necesarios para el desarrollo de la creación de la mochila inteligente, porque dichos temas hacen parte de la malla curricular de su educación. “Pero hay una habilidad que mejoraron mucho a lo largo del proyecto: la capacidad de resolución de problemas. Si un sensor no funcionaba o algo no se manejaba bien, ellos mismos tenían que buscar las informaciones y hacer pruebas y errores hasta que funcionara”, recuerda.
Para Femat, el rol del profesor mediador debe ser identificar las habilidades específicas de cada estudiante, ayudándolos a encontrar su lugar en el equipo y guiarlos mediante los retos, de modo que tengan autonomía, libertad y puedan despertar su creatividad. “Los propios jóvenes tienen que dar las respuestas y decidir sus roles internamente. Solamente cuando yo los veo un poco perdidos me toca ayudar”, aconseja.
Este enfoque demuestra cómo la innovación estudiantil no solo produce prototipos tecnológicos, sino que también desarrolla competencias clave como: pensamiento crítico y trabajo en equipo en el aprendizaje.