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Cómo desarrollar las 4Cs de la educación con proyectos STEM

Con ejemplos de proyectos STEM, un especialista presenta estrategias para fomentar el pensamiento crítico, la creatividad, la comunicación y la colaboración entre los estudiantes.

¿Ya has oído hablar de las 4Cs de la educación? El pensamiento crítico, la creatividad, la comunicación y la colaboración son habilidades que ayudan a superar los retos que surgen durante el Aprendizaje Basado en Proyectos (PBL, por sus siglas en inglés) o en el desarrollo de un proyecto STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas, por sus siglas en inglés).

Para el licenciado en educación Ulianov Sulca Chacchi, esos conocimientos cobran más sentido especialmente en el momento de poner las ideas en la práctica. “Empiezan a surgir preguntas: ¿funcionará con los materiales que tenemos?, ¿cumplirá con la necesidad que identificamos?, ¿será fácil de utilizar? Este momento es de gran valor educativo, puesto que invita a los estudiantes a reexaminar sus propias convicciones y tomar decisiones”, explica.

Chacchi es analista de proyectos de educación no formal de la Unidad de Popularización de la Ciencia, Tecnología e Innovación del Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (CONCYTEC) de Perú, y aliado técnico de Solve for Tomorrow en el país. Para él, cada una de las 4Cs tiene un rol fundamental y, en el desarrollo de un prototipo, se necesitan continuamente estas competencias unas a otras.

Pensamiento crítico: actividades en clase para comprobar las ideas con pruebas

Chacchi recomienda que los profesores comiencen por tener en mente la necesidad que originó el proyecto. “Es fácil, durante la construcción, concentrarse en que una pieza encaje o en que un dispositivo encienda, y perder de vista a la persona que lo utilizará”, recalca.

Por eso, según el experto, vale la pena volver a preguntar:

  • ¿Qué queremos mejorar? 
  • ¿Para quién?
  • ¿Cómo sabremos que nuestra propuesta ayuda?

Después, Chacchi propone hacer una primera versión simple para comprobar parte de la idea. Por ejemplo, un equipo que diseña un sistema de riego para el huerto escolar puede observar cómo se reparte el agua, medir el consumo y comparar resultados en condiciones similares. Así fue cómo hizo el proyecto “Megaton Plants”, finalista de Solve for Tomorrow en Panamá en 2023. Los estudiantes crearon un sistema de riego automatizado con sensores para facilitar que las personas pudieran hacer sus propios huertos, garantizando mayor seguridad alimentaria en las comunidades.

“El profesor puede ayudarlos a determinar qué van a observar y la forma en que lo anotarán. De ese modo, el pensamiento crítico se va desarrollando en una tarea concreta”, explica Chacchi.

“Para que se mantenga ese aprendizaje, recomiendo una bitácora que recoja los intentos del equipo. Puede contener dibujos, fotografías, mediciones y explicaciones breves de lo que cambió y por qué”, añade el experto. Ese registro, según él, sirve para reconocer lo avanzado, revisar los errores y comunicar el proyecto con honestidad, incluyendo lo que todavía queda por comprobar. 

Creatividad: dar tiempo para proponer nuevas ideas

Chacchi afirma que es necesario espacio en la construcción para estimular la creatividad. Por eso, cada uno, antes de decidir cómo resolver una dificultad, puede proponer una alternativa y mostrarla con un boceto o una pequeña prueba. “Si se da tiempo para pensar individualmente antes de conversar en grupo, facilitamos la participación de quienes necesitan más tranquilidad para expresar sus ideas”, informa.

Así, una opción que puede funcionar es hacer una “lluvia de ideas” (brainstorm, en inglés), como lo hizo el proyecto “Pusaqkuna“, finalista de Solve for Tomorrow en Perú, en 2024. El equipo desarrolló un bastón inteligente que cuenta con sensores, vibraciones y GPS que ofrece mayor autonomía y seguridad en la movilidad urbana. La idea surgió después de una sesión de brainstorming en una actividad del curso de robótica. Ellos pensaban en los retos de su alrededor y, estando la escuela al lado de dos hospitales, veían diariamente personas con discapacidad visual yendo a sus citas médicas y las dificultades para transitar solos.

Colaboración: rotar las tareas para involucrar a todo el equipo

En lo que respecta a la colaboración, Chacci cree que “es bueno ir rotando las responsabilidades”, para que todos tengan posibilidades de construir, medir, registrar y presentar. “El profesor puede ver si alguien queda excluido o si las decisiones siempre son tomadas por la misma persona. Para poder trabajar en equipo es necesario aprender a escuchar y comprender lo que aportan los demás”, justifica el licenciado.

En el proyecto “Fishtilizante“, finalista de Solve for Tomorrow en México, en 2022, aunque cada uno tenía responsabilidades específicas, la profesora los estimulaba a saber un poco de todo y a ayudarse mutuamente siempre que fuera necesario. Los estudiantes convirtieron residuos de pescado en fertilizante orgánico.

Comunicación: compartir los prototipos y escuchar otras opiniones

Adicionalmente, compartir los prototipos en su desarrollo puede mejorar la comunicación de los jóvenes. Explicárselo a otro grupo o a gente de la comunidad permite recibir observaciones a tiempo y, al evaluar, el docente puede ver cómo los estudiantes usaron esa información, cómo justificaron sus cambios y se apoyaron mutuamente. “Ahí se hace visible el aprendizaje que sustenta el producto final”, concluye. 

En “Seekers of Silence“, proyecto ganador de Solve for Tomorrow en Chile, en 2023, la comunidad escolar fue fundamental para el éxito del experimento. Los profesores podían hacer pruebas y hacer preguntas sobre el desarrollo del proyecto. Y los alumnos se adaptaban a las instrucciones y participaban activamente. Con eso, los estudiantes tuvieron la posibilidad de probar bastante el prototipo y mejorar su comunicación, perfeccionando su presentación hasta el pitch del programa.

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