Las enfermedades transmitidas por mosquitos, como el dengue, el chikunguña y el zika, siguen siendo relativamente comunes en países tropicales como Brasil, Colombia y Perú. En estos países, quienes aún no han padecido estas enfermedades probablemente conozcan a alguien que sí lo haya hecho. Con el cambio climático, la incidencia de estas enfermedades ha aumentado, a pesar de las vacunas y de los esfuerzos de la vigilancia sanitaria para controlar a los vectores. Por eso, combatir la proliferación del mosquito Aedes aegypti, vector de estas enfermedades, sigue siendo un desafío social, lo que llamó la atención de un grupo de estudiantes de Itumbiara, en el interior del estado de Goiás, Brasil.
El equipo ideó una solución alternativa al problema: crear un larvicida (insecticida que mata las larvas de los mosquitos) natural y seguro, elaborado a partir de plantas autóctonas del país. El proyecto “Efecto de los extractos vegetales en el Aedes aegypti”, finalista del Solve for Tomorrow en Brasil en 2025, fue elaborado por estudiantes del antepenúltimo curso de la enseñanza obligatoria, con edades comprendidas entre los 15 y los 16 años. El grupo observó el aumento creciente de casos de estas enfermedades en la ciudad, especialmente en 2024, cuando se registraron casi 700 casos confirmados de dengue y 530 de chikungunya en el municipio. El estado, por su parte, batió récords de infecciones, lo que atrajo la atención especial del Ministerio de Sanidad, que puso en marcha medidas de control. Preocupada por las noticias que veía en el periódico, la profesora mediadora del proyecto, Ayanda Lima, planteó el reto a sus alumnas. “Nuestro instituto es muy grande, está cerca de varios bares y resulta muy difícil controlar los focos de cría de las larvas del Aedes aegypti. Había mucha gente de baja médica a causa de estas enfermedades, teníamos que hacer algo más allá de la sensibilización”, explica.
Al principio, con toda la clase, la profesora propuso probar las propiedades repelentes de algunas plantas en el laboratorio. Esta búsqueda de resolución de problemas reales ya forma parte del enfoque pedagógico de la profesora, que enseña biología y prácticas experimentales de biología y ciencias. “Nunca he sido una profesora que se limite a pedir a los estudiantes que hagan un cartel; tenemos que buscar soluciones concretas”, afirma. Cuando se incorporó al Centro de Enseñanza a Tiempo Completo Dom Veloso, ayudó a transformar la tradicional feria de ciencias en una práctica más orientada a resolver problemas locales. “Los proyectos pasaron a tener una metodología científica más clara, con introducción, hipótesis y objetivo. Ya no se trataba sólo de una demostración de conocimientos”, recuerda.
Del laboratorio a la comunidad: probando una fórmula para combatir el dengue
En las pruebas de laboratorio, el equipo desarrolló la extracción de los principios activos de las plantas mediante la maceración. El fruto de la sabonera se sumerge en un líquido (en este caso, agua destilada), lo que hace que los componentes de la planta se disuelvan en el disolvente, formando el extracto. La planta de jabón (Sapindus saponaria) presentó buenos resultados para repeler al Aedes aegypti y fue con ella con la que decidieron seguir adelante, teniendo en cuenta la experiencia que la profesora ya tenía con otros proyectos en los que se había utilizado esta planta.
Al observar que los primeros experimentos apuntaban a resultados positivos, el grupo comenzó a diseñar la estrategia para llevar la solución a la comunidad. Durante la clase de prácticas experimentales, investigaron sobre las Estaciones Diseminadoras de Larvicida (EDL), una técnica muy extendida en Brasil para facilitar la diseminación del larvicida por parte de los propios mosquitos, entre los lugares tratados y los criaderos no tratados.
Se trata de una estrategia de bajo coste, eficaz y fácil de replicar: básicamente, se utiliza un recipiente de plástico con agua para atraer a los mosquitos, cubierto con un paño negro humedecido, en el que se impregna un larvicida en polvo muy fino. Cuando un mosquito adulto se posa en la superficie de la EDL, las partículas del larvicida se adhieren a sus patas y a su cuerpo. Dado que las hembras de Aedes prefieren visitar muchos criaderos para poner pocos huevos en cada uno, acaban llevando consigo el larvicida a esos criaderos, que se convierten en trampas letales para los mosquitos inmaduros.
Para ello, normalmente se utiliza el piriproxifem, un pesticida químico. Sin embargo, la profesora afirmó que el equipo quería sustituirlo por un componente natural. “Ese fue uno de los puntos en los que la mentoría de Solve for Tomorrow nos ayudó mucho. Impulsó nuestro trabajo, partió de los resultados que teníamos en el laboratorio y nos mostró el camino a seguir con un componente natural para llevarlo más allá”, reconoce Lima.
Para cumplir con los requisitos del programa, el propio grupo eligió a las cinco alumnas que representarían al equipo y seguirían adelante con la propuesta. “Ahora, el principal reto era tomar el extracto, que era líquido, y transformarlo en gel para aplicarlo en la EDL”, explica.
El almidón de maíz pregelatinizado en frío cuesta alrededor de 6 dólares (por 500 g) y es un producto que ya ha pasado por un proceso de precocción y secado, lo que lo hace más poroso y capaz de absorber agua fría. Por ello, aporta espesor y estabilidad a los alimentos sin necesidad de cocción, lo que facilita la elaboración y conserva características como el sabor, la textura, el color y el aroma.
Con el extracto en gel, llegó el momento de realizar pruebas en la comunidad. En primer lugar, el grupo identificó los lugares con mayor concentración de focos de reproducción del mosquito en la ciudad, con el apoyo de un funcionario del servicio municipal de control de endemias. A continuación, seleccionaron tres establecimientos, donde instalaron 18 EDL y continuaron realizando un seguimiento durante varios días, recogiendo muestras para observar los efectos en las larvas del mosquito. Según la profesora, el grupo utilizó repelente y batas, y procuró permanecer el menor tiempo posible en el lugar para garantizar la protección individual de los estudiantes.
Los resultados superaron las expectativas: “El ciclo de vida del mosquito es de 10 días hasta que se convierte en adulto. Observamos que, al octavo día, todas las larvas ya habían muerto, sin haber llegado siquiera a la fase de pupa [la etapa final antes de la aparición del mosquito adulto]. Nos quedamos asombrados con este resultado, que superó todas las expectativas”, afirma Lima. Con una muestra de la jabonera, agua destilada y almidón de maíz pregelatinizado, cualquier comunidad o colegio puede reproducir esta solución.
Fortalecimiento del protagonismo de las alumnas y reconocimiento en la comunidad
La educadora Ayanda Lima comenta que, tras participar en Solve for Tomorrow, el colegio ha adquirido una visibilidad sin precedentes y se ha convertido en un referente en investigación y proyectos STEM. Las alumnas también se sienten más inspirados y motivados para participar en experiencias como estas. “El colegio está que arde, no os hacéis una idea del impacto que ha tenido el programa en la ciudad y en la región. ¡Es indescriptible! En la primera semana de clase, ya seleccioné grupos para desarrollar proyectos”, afirmó la profesora con entusiasmo.
Según ella, la secretaria estatal de Educación visitó el colegio para conocer la institución, y toda la notoriedad conseguida da más seguridad a los responsables a la hora de comprender la importancia de invertir en este tipo de iniciativas. “Me emociono al hablar. ¿Sabes esa sensación de haber cumplido con tu deber, de que ha salido bien?”, dice con los ojos llenos de lágrimas.
Si antes de conocer los resultados del programa la profesora tenía la sensación de que el departamento de salud local no estaba dispuesto a escuchar los descubrimientos de la clase, ahora siente que la acogida ha cambiado tras la repercusión de Solve for Tomorrow: “Parece que han abierto un poco las puertas. La Secretaría Estatal de Salud me invitó a contar lo que habíamos hecho; ya veremos cuáles serán los próximos pasos”, comparte. El siguiente paso, según prevé la educadora, es establecer una colaboración con el departamento de control de endemias de la ciudad para instalar más EDL.
El cambio en el comportamiento de las alumnas también fue evidente para la profesora. Al principio eran muy tímidas, hasta el punto de que, la víspera del pitch, en la fase final del programa, todavía tenían miedo de hacer la exposición. “La noche anterior, en el hotel, tuvimos que hablar con ellas para que ganaran confianza, ¿sabes? Después de la final y de haber superado eso, parece que han salido de su “caparazón””, bromea. “Las vi caminando por los pasillos, con los ojos brillantes, radiantes, con otra actitud. Y es contagioso. Una hermana menor de las chicas, que no parecía tener mucho interés por este tipo de cosas, ahora ya me ha buscado para seguir los pasos de la mayor”, revela la profesora, con los ojos llenos de lágrimas.
Lima destaca además cómo sus clases han aprendido la importancia de los errores en los proyectos STEM a partir de esta experiencia. “En la primera semana de clase de este año, mi clase me entregó una carta que todavía hoy me emociona. Me dijeron: “Queremos estudiar, investigar, equivocarnos, aprender y crecer juntos con usted. Queremos representar a nuestro colegio con orgullo y demostrar que, cuando un profesor cree en sus estudiantes, toda una clase puede florecer. Si la ciencia transforma vidas, queremos ser prueba de ello”, concluye.