¿Las calles por las que pasas de camino al trabajo o al colegio tienen suficiente iluminación? Para un grupo de jóvenes de Campo Quijano, en la provincia argentina de Salta, esa no era siempre la realidad. Hartos de ir a clase por un camino a oscuras, decidieron desarrollar una iniciativa para tener autonomía en ese sentido. Fue entonces cuando crearon el “SolarPack”, un prototipo de mochila equipada con un pequeño sistema de energía solar que ofrece iluminación portátil.
El proyecto fue hecho con conocimientos en STEM (Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) y ganó el Solve for Tomorrow en Argentina, en 2025. Diseñado para estudiantes y familias con acceso limitado a la electricidad, la idea nació de una necesidad de tener un dispositivo funcional, resistente y manejable para acomodar la luz y que no fuera un ítem más para llevar en el día a día. Por eso, añadieron una nueva función a la mochila, que ya utilizaban, y percibieron que no bastaba con que encendiera una luz. El prototipo debía adaptarse al uso diario, soportar lluvia, proteger los circuitos internos y no agregar demasiado peso al estudiante. Además, necesitaba ser sostenible. Así, los estudiantes trabajaron con un pequeño panel solar, una batería de litio, cableado interno, un interruptor y una lámpara LED integrada.
Aunque parezca sencillo al primer pensamiento, la mochila fue rediseñada varias veces para mejorar su ergonomía. Los jóvenes probaron diferentes ubicaciones para la lámpara y para el interruptor, evaluaron cómo distribuir el peso del panel solar y crearon compartimentos internos para proteger el circuito de la lluvia y del desgaste cotidiano. Incluso analizaron el tamaño ideal del panel para evitar que la mochila se volviera demasiado pesada. Gracias a la elección de paneles y cables ligeros, el peso de la mochila quedó similar al de un modelo estándar, por lo que los cambios pasan desapercibidos.
Para el futuro, los estudiantes planean agregar más elementos, como una placa Arduino, la cual es una placa de prototipado electrónico de código abierto, para medir la batería de la lámpara.
Iluminando caminos para los estudiantes
“SolarPack” creó una transformación menos visible, pero igual de significativa. Al comenzar, muchos de los estudiantes no creían que pudieran avanzar en las etapas de Solve for Tomorrow. Dudaban de sus posibilidades frente a las escuelas técnicas y, en algunos casos, tampoco imaginaban un futuro más allá de los trabajos que conocían en su entorno inmediato.
A medida que superaban cada reto del programa, esa percepción empezó a cambiar. Llegar a la final, viajar por primera vez en avión y representar a su comunidad en Buenos Aires fueron experiencias que ampliaron sus horizontes de forma concreta. “Muchos estudiantes vienen de una realidad socioeconómica más difícil, iban de la casa a la escuela o al fútbol, nada más. Esa oportunidad planteó nuevas expectativas, de puertas que se les empezaron a abrir”, comenta la educadora.
Algunos comenzaron a considerar carreras universitarias o técnicas que antes no parecían posibles. “Y hay un alumno cuyo papá trabaja en la mina. Y él siempre me dijo que no iba a estudiar nada después de que terminara la escuela y que iba a juntarse con el papá. Y ahora se anotó en una carrera que es higiene y seguridad”, relata.
Para la profesora, ese cambio es uno de los principales logros del proyecto. Más que construir una mochila solar, sus estudiantes descubrieron que podían imaginar otros caminos para sus vidas.
El rol primordial de la profesora mediadora
Esta fue la segunda vez que la profesora María Alejandra Zerpa participó en Solve for Tomorrow. Para ella, lo que marcó la diferencia esta vez, para llegar al podio, fue poder acompañar más de cerca a los estudiantes durante todo el proceso. “Yo también me hago esa autoevaluación y los tuve que dejar un poco más solos y creo que eso les dificultó. También fueron alumnos de diferentes cursos, tuvieron dificultades para ponerse de acuerdo”, analiza.
Al año siguiente, decidió cambiar de estrategia y les dio a los estudiantes la libertad de elegir sus propios grupos. La temática de los proyectos siguió siendo definida por los estudiantes, pero ella les recomendó que pensaran cuidadosamente con quiénes trabajarían. Este cambio le permitió observar diferencias importantes en el nivel de compromiso y en la relación de los grupos con el acompañamiento docente. El equipo que resultó ganador buscaba constantemente su orientación. “Me decían: ‘Profe, ven acá a ver’, me consultaban más”, cuenta. Para ella, esa disposición al diálogo y a la retroalimentación fortalecieron el desarrollo del proyecto.
A partir de estas experiencias, la profesora concluye que el acompañamiento cercano del docente es un factor decisivo para el éxito de las iniciativas. “Creo que eso fue la parte fundamental: que ellos no se sientan solos, que estén acompañados desde el primer día”, destaca. Incluso en momentos de agotamiento, procuró mantener a los estudiantes motivados, alentándolos a no rendirse e incorporando actividades lúdicas al proceso de aprendizaje. “Trataba de ponerle una sonrisa a todo, de decirles a ellos: ‘Sí se puede, chicos, no bajen los brazos’”, recuerda. A través de diferentes estrategias pedagógicas, reforzó una convicción construida a lo largo de su trayectoria: “La comunicación es fundamental”.
En Solve for Tomorrow, se utiliza el concepto de profesor(a) mediador(a). En lugar de un instructor que presenta contenidos, la persona utiliza momentos instruccionales y amplía sus herramientas para actividades grupales, incentivando la investigación y sistematización de saberes, generando la movilización de oportunidades educativas complementarias en la escuela , en el territorio y en diversas metodologías activas de aprendizaje.
Descubre más sobre el proyecto en el siguiente video: