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Conoce tres ejemplos de proyectos PBL que puedes aplicar en el aula

Huertos, alimentos tradicionales y residuos plásticos se convierten en oportunidades de aprendizaje con proyectos PBL.

Convertir problemas cotidianos en oportunidades de aprendizaje es una de las principales fortalezas del Aprendizaje Basado en Proyectos (PBL, por sus siglas en inglés). Más que una metodología activa, el PBL propone que los estudiantes investiguen, experimenten y construyan soluciones concretas para desafíos reales de su entorno.

Ese fue justamente el punto de partida para docentes de distintos países de América Latina quienes participaron en el curso internacional “Aprendizaje Basado en Proyectos: Una ruta de la idea a la acción”, promovido por la plataforma Samsung Solve for Tomorrow Latam. A lo largo de la capacitación, cientos de educadores desarrollaron propuestas conectadas con sus contextos locales, integrando ciencia, tecnología y protagonismo estudiantil.

Además de fortalecer contenidos curriculares, esta metodología ayuda a desarrollar habilidades esenciales como pensamiento crítico, autonomía, creatividad y trabajo en equipo. A continuación, contamos las historias de tres proyectos que comparten un mismo principio: el aprendizaje comienza cuando la escuela mira con atención su entorno. Un huerto escolar, un plato tradicional o una bolsa plástica pueden convertirse en punto de partida para investigar, formular hipótesis y construir soluciones con impacto real. Esa es la esencia del Aprendizaje Basado en Proyectos: transformar la curiosidad en conocimiento y conocimiento en acción.

Si quieres empezar a aplicar esta metodología en tu práctica docente, recuerda que no necesitas grandes recursos para dar el primer paso. Muchas veces, basta con una buena pregunta y la disposición a aprender junto a tus estudiantes.

Tres ejemplos de proyectos PBL desarrollados en América Latina

1. Cultiva Tech: cuando el huerto escolar se convierte en laboratorio vivo – República Dominicana

¿Qué hacer cuando una cosecha escolar no sale como se esperaba? Esa fue la pregunta que impulsó a los estudiantes de la docente Juana Esmeralda Ventura a crear “Cultiva Tech”, un proyecto que transforma el huerto escolar en un espacio de investigación científica aplicada. La idea surgió después de una práctica de química sobre fotosíntesis,  cuando estudiantes del quinto año de secundaria observaron que las lechugas cultivadas en la escuela tenían un sabor amargo. “Decidimos realizar una investigación utilizando los pasos del método científico para determinar las causas”, relata la educadora.

Los datos recolectados permitieron identificar que la causa estaba en la falta de agua, debido a un sistema de riego manual poco eficiente. A partir de ese hallazgo, el proyecto evolucionó hacia una propuesta de monitoreo continuo de los cultivos mediante sensores de humedad del suelo, integrando enseñanza de ciencia, análisis de datos y resolución de problemas reales.

“El curso [de Solve for Tomorrow Latam] ha sido enriquecedor. Me ayudó a identificar las posibles alianzas de colaboradores dentro y fuera del centro”, dice Juana. Ella explica que gracias a acuerdos entre el Ministerio de Educación y el Ministerio de Agricultura, su escuela consiguió apoyo para restaurar el sistema de riego automatizado y mejorar la producción del huerto. Hoy, además de hortalizas más saludables, el proyecto ofrece aprendizajes más significativos para sus estudiantes.

Professora apresenta hortaliça cultivada em projeto escolar ao ar livre
Profesora Juana Esmeralda Ventura en el huerto escolar.

2. PANCs en el Tacacá: aprender sobre alimentación sostenible desde los saberes tradicionales – Brasil

En Parintins, en el estado de Amazonas, al norte de Brasil,  la docente Aldemira Jacaúna Machado encontró en la cultura alimentaria amazónica una oportunidad pedagógica. Su proyecto “PANCs en el Tacacá: Educación alimentaria sostenible a partir de los conocimientos de las comunidades tradicionales” propone trabajar la educación científica a partir de las Plantas Alimenticias no Convencionales (PANCs) y de los conocimientos de comunidades tradicionales.

El punto de partida fue un plato típico de la región, el tacacá, a través del cual la propuesta invita a discutir temas como biodiversidad, alimentación saludable, sostenibilidad y patrimonio cultural, informa la profesora. 

Aunque el proyecto aún no ha sido implementado con estudiantes, Aldemira planea desarrollar actividades investigativas como el mapeo de especies locales, entrevistas con la comunidad y elaboración de recetas, conectando el conocimiento escolar con la realidad cotidiana de los alumnos.

La educadora ya conocía metodologías activas, pero aún no había tenido contacto directo con el PBL. “El curso amplió mi comprensión sobre cómo organizar actividades más investigativas y centradas en el protagonismo de los estudiantes”, destaca.

Además, según  la docente, el curso ayudó a transformar una idea en un proyecto listo para ser trabajado en clase.  “El proyecto pasó de ser una sucesión de actividades a convertirse en una propuesta más estructurada, con un problema central claro, etapas bien definidas (investigación, experimentación, creación e intercambio de ideias) y un mayor protagonismo de los estudiantes en el proceso de aprendizaje”, concluyó.

3. Investigar el plástico para comprender sus impactos en la salud y el ambiente – Perú

En Perú, la docente Silvina Sonia Corpus Mendoza decidió llevar al aula una problemática que observaba en su cotidiano: el uso y la quema constante de bolsas plásticas,  tanto en una comunidad rural de Piura como en Lima Metropolitana, y sus posibles efectos sobre la salud y el ambiente.

Su proyecto, “Estudio del polietileno en bolsas plásticas y la liberación de gases contaminantes por acción del calor”, busca analizar cómo la composición química de estos materiales influye en la emisión de sustancias contaminantes cuando son expuestos al calor o utilizados para contener alimentos.

Silvina diseñó una propuesta para que sus estudiantes investiguen la composición química del polietileno, identifiquen los gases liberados por acción del calor y desarrollen materiales informativos, como afiches e infografías, para sensibilizar a la comunidad escolar sobre la reducción del uso de bolsas plásticas.

Según la docente, el curso de PBL fue especialmente útil para organizar mejor el proyecto. “Ya conocía la metodología pero no con el modelo Canvas, eso me brindó un panorama más completo y ágil de una sola hoja”, recalcó.

Además, la educadora revela que la formación permitió filtrar mejor sus ideas. “El enfoque era una exploración amplia, pero logré transformarlo en un estudio técnico específico. Un avance significativo fue el diseño de un cronograma detallado de cuatro semanas que organiza el trabajo desde la fase de empatía hasta la evaluación final”, añade.

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* En la foto de portada, estudiantes del proyecto Neolimb, finalistas de la edición 2023 de Solve for Tomorrow en Paraguay.

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