En escuelas de diferentes regiones de América Latina, las estudiantes han transformado desafíos de sus propias comunidades en soluciones científicas, con niñas y mujeres al frente de las innovaciones. Ya sea en el campo, en la ciudad, en México o Brasil, las iniciativas que fomentan la participación de las niñas en STEM (siglas en inglés de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) demuestran cómo la educación puede fortalecer el protagonismo femenino desde temprano. Ellas investigan problemas reales, como el reciclaje de residuos o la sostenibilidad en la agricultura, y descubren que la ciencia no está alejada de su vida cotidiana, sino que es una herramienta concreta para generar un impacto positivo en el territorio donde viven.
La inclusión de género en STEM es fundamental, especialmente en un contexto donde solo el 35% de los estudiantes – a nivel mundial – matriculados en carreras de estas áreas en la educación superior son mujeres, según datos de 2017 de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). La disparidad comienza mucho antes, aún en la escuela, cuando las niñas tienen menos incentivos para seguir carreras en Ciencia y Tecnología. Por ello, las experiencias prácticas de aprendizaje pueden ser decisivas para cambiar este escenario.
El programa Solve for Tomorrow, presente desde 2014 en América Latina, fomenta la participación de niñas, estableciendo que los grupos de estudiantes sean mixtos. “Estamos muy orgullosos de ver que, en los últimos años, ellas han sido la mayoría de los participantes en América Latina”, afirma Sueme Matuzawa, Gerente de Ciudadanía Corporativa para Samsung América Latina.
Para Matuzawa, cuando los estudiantes son incentivados a investigar problemas de su propio territorio, la ciencia deja de ser abstracta y pasa a tener un impacto directo en la vida de las personas. En este proceso, muchas niñas asumen papeles destacados, liderando experimentos, analizando datos y presentando soluciones. “Estas experiencias ayudan a fortalecer su autoconfianza y a ampliar su interés por carreras científicas”, afirma.
Un ejemplo de este protagonismo es el proyecto “JENNI”, desarrollado por un equipo compuesto únicamente por niñas, mediado por la profesora María Reyna Borja. La idea nació de la historia de dos primas, una de ellas usuaria de prótesis. Impulsadas por el deseo de ayudar a personas con realidades similares, las estudiantes mexicanas decidieron crear una aplicación para quienes utilizan prótesis, reuniendo información, orientaciones y herramientas que facilitan el proceso de adaptación. El proyecto fue finalista del programa en México en 2024 y muestra cómo las niñas pueden aportar nuevas perspectivas a la ciencia, conectando empatía, escucha e innovación para desarrollar soluciones con impacto directo en la calidad de vida.
“Si veo una oportunidad de apoyar a las mujeres, lo hago, porque al apoyar a una, todas nos apoyamos entre nosotras”, declara la profesora María Reyna Borja.
Otro proyecto destacado es “Las propireutilizadoras”, en Chile, también desarrollado por un equipo exclusivamente femenino, que enfrentó un desafío crítico relacionado con el descarte de residuos de servicios de salud. Las profesoras Luz Astaburuaga y Pilar Swett mediaron a dos alumnas de 17 años, que estaban en el último año de la escolaridad obligatoria. Juntas, desarrollaron una máquina capaz de reutilizar estos materiales, proponiendo una alternativa más sostenible para un problema ambiental y sanitario complejo. El proyecto duró menos de dos meses. “Creo que aprendieron mucho sobre confiar y escuchar a su compañera, valorar las ideas de una a la otra y tener perseverancia, porque fueron necesarias varias pruebas y errores hasta que funcionó”, enfatiza Swett.
Niñas en STEM: liderazgo que comienza en la escuela
Cuanto antes las estudiantes tengan contacto con la investigación científica y la resolución de problemas reales, mayores serán las posibilidades de que consideren seguir carreras profesionales en estas áreas y cambien las estadísticas actuales. En proyectos desarrollados en la escuela, las niñas pueden practicar la experimentación y fortalecer la confianza de que también pueden actuar en campos científicos y tecnológicos. A lo largo de este proceso, tienen la oportunidad de desarrollar competencias fundamentales para estas áreas, como el pensamiento crítico, la colaboración, la creatividad y la resolución de problemas.
Fomentar la participación de las niñas en STEM desde temprano también es esencial para ampliar la diversidad en la ciencia. Cuando más mujeres ocupan estos espacios, nuevas perspectivas comienzan a formar parte de la construcción del conocimiento y la creación de soluciones, muchas veces conectadas a cuestiones que ellas perciben y viven de manera diferente en su día a día.
Incluso cuando son hombres los profesores mediadores de proyectos como estos, tener un equipo con niñas hace la diferencia. Es lo que cree, por ejemplo, el profesor Yamil Vega, del proyecto “Apyphore”, finalista del Solve for Tomorrow Costa Rica. Reuniendo a cinco estudiantes, el equipo creó una colmena inteligente con sensores y cámaras para el monitoreo de abejas. “Soy padre de dos hijas, y esta carrera tiene la particularidad de tener más hombres. Veo pocas niñas interesadas en las áreas STEM y trato de trabajar para que ellas también vean este camino como una posibilidad”, afirma el profesor.
También es el caso de “Macafiltro”, que tuvo como profesores mediadores a Henrique Pereira y Camila Carvalho de Paula Nunes. El proyecto fue finalista del Solve for Tomorrow Brasil en 2022 y contó con un grupo de tres niñas, quienes después de esta experiencia, comenzaron a estudiar carreras universitarias en el área que soñaron. El profesor Pereira cuenta que una de ellas se enamoró de la ciencia e ingresó al curso de Ingeniería Química, determinada a cambiar el rumbo de la historia de su propia familia mediante el conocimiento. “Esta estudiante venía de una realidad familiar muy difícil. Con Solve for Tomorrow, por primera vez en su vida, vio que la dedicación en la escuela podía brindarle cosas nuevas”, relata.En el proyecto “Chonta-Tec”, el profesor Carlos Moya midió un equipo de tres niñas que creó un prototipo que convierte la fuerza de los pasos en energía para llevar luz a las comunidades. “Como profesores, debemos brindar la oportunidad de reducir las barreras de género en estas áreas, porque nos permite aprovechar el talento y las competencias de toda la comunidad educativa y de la población en general”, opina el profesor Carlos Moya. Añade que después del Solve for Tomorrow, el interés de las niñas por formar parte de proyectos STEM ha ido creciendo en la escuela.